IRAN II
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LA MUJER IRANI Y LA SEPARACION DE SEXOS 


Es muy duro vivir en el Irán actual, y siendo mujer es mucho peor aún. A diferencia de lo que ocurre en otros países islámicos como Pakistán, la mujer iraní tiene presencia social, especialmente en Teherán. Se la puede ver caminando por la calle, cenando en familia en un restaurante, conduciendo un coche o viajando en autobuses o en taxis compartidos. Todo esto siempre y cuando uno utilice la imaginación, porque lo que en realidad se ve, en la gran mayoría de los casos, es una figura humana cubierta con una tela de color negro.

El uniforme islámico obligatorio para todas las mujeres en Irán, incluidas las que profesan otra religión y las extranjeras aunque sean turistas. Se compone de una especie de guardapolvo o gabardina de manga larga que cubre hasta los tobillos, debajo de esta prenda, pantalones o faldas largas hasta los pies y el pañuelo anudado bajo la barbilla cubriendo todo el pelo. Los colores de las prendas deben ser oscuros o pocos llamativos, pero en la práctica la gran mayoría de las mujeres iraníes visten de negro y excepto en el centro de Teherán, lo que predomina es el chador, una tela negra sin costuras ni mangas, que las cubre desde la cabeza a los pies. El único sitio en donde les está permitido a las mujeres despojarse de esta indumentaria, es en los domicilios particulares.

En Teherán, las más rebeldes se atreven a utilizar vaqueros y una especie de gabardina de color discreto que les cubre hasta las rodillas, el pañuelo en la cabeza floreado y de colores más vivos enseñando parte del pelo y la cara con maquillaje. Pero son las menos, y se arriesgan a recibir una reprimenda en público por parte de alguien muy conservador o por los guardianes especialmente encargados de hacer cumplir las costumbres islámicas, quienes también pueden llevarlas a comisaría por infligir las normas islámicas.

Ver a una mujer trabajando de cara al público, por ejemplo en una tienda o en un restaurante, es impensable, pero si hasta los negocios que venden ropa interior femenina están atendidos por hombres ! La excepción fue en algún hotel y en una tienda de perfumes y cosméticos de Teherán, en donde por cierto uno de estos guardianes de la moralidad islámica no dejó de observarnos disimuladamente desde la puerta. Seguramente su preocupación era que Luisa se quitase el pañuelo para enseñarle a la dependienta el color de tintura que estaba buscando, teniendo en cuenta que no había forma de saber a que color correspondía cada caja por estar tapadas con cinta negra las fotos de las mujeres con el cabello al aire que indican el color que la caja contiene. Esto hay que verlo para creerlo.

La razón por la que la mujer iraní está obligada a cubrirse de la cabeza a los pies, excepto la cara, ocultando las formas del cuerpo, es para preservarla de las miradas insidiosas de los hombres y a su vez para no despertar en ellos deseos libidinosos, según lo establece el Corán. Esta idea, que parece salida de la época de las cavernas, culpabiliza a la mujer por el hecho de serlo y le impide, entre otras cosas, desarrollar ciertas actividades consideradas normales en cualquier otra sociedad, como por ejemplo practicar deportes, tomar el sol, hacer gimnasia o ir a una piscina. Sin ir más lejos, para una mujer el tener que soportar en verano cincuenta grados de calor, totalmente cubierta, es algo inhumano.. .

Para ser justos, esta situación no sólo se da en Irán, pasa lo mismo en todos los países de mayoría musulmana a excepción de Turquía, dado su carácter de Estado laico. Para las mujeres es una situación muy difícil de cambiar, de hecho aquellas que lo intentasen se encontrarían con el rechazo de la sociedad y el de las propias familias, y en el caso de Irán, habría que sumarle a todo ello la cárcel por incurrir en actividades contrarias al Islam.

El sistema educativo iraní establece la separación de sexos a partir de los 7 años de edad y en la universidad, chicos y chicas concurren a las mismas aulas aunque deben sentarse por separado. En los autobuses, la parte delantera la ocupan los hombres y a las mujeres se les reserva la zona trasera del mismo, resulta llamativo ver a veces a los hombres viajar delante todos apiñados, mientras de la mitad hacia atrás está casi vacío. Los restaurantes de un cierto nivel, tienen un salón sólo para hombres y otro reservado para familias.

En las mezquitas los hombres rezan por un lado y las mujeres por otro, y en las manifestaciones callejeras las mujeres van agrupadas y separadas de los hombres. En los taxis el tema ya se complica un poco, no hay taxis sólo para mujeres o para hombres, pero hemos visto algunos casos en donde viajaba delante el conductor con dos pasajeros y atrás una mujer sola, o delante sólo el conductor y detrás cuatro mujeres casi una arriba de otra. En resumen, la separación de sexos es una realidad que se da en todos los ámbitos de la vida iraní hasta el extremo que las posibilidades físicas lo permitan.

                                

EL ISLAM COMO FORMA DE VIDA


La religión oficial en Irán es el Islam según el orden shií, y a ella pertenece entre el 85 y 90 % de la población. El resto lo componen entre un 8 y 10 % de musulmanes suníes y un 1 o 2 % de judíos, cristianos armenios y zoroastrianos (la religión de los antiguos persas)

El Corán, libro sagrado que recoge los dogmas, ritos y leyes que deben seguir los musulmanes y que se completó entre los años 644 y 656, se basa en las palabras predicadas por Mahoma (570-632), quien escuchó por primera vez la voz de Dios a través del arcángel Gabriel en su ciudad natal, La Meca, y luego en la ciudad de Medina.

A la muerte del Profeta, el Islam, que significa sumisión a la ley de un único Dios, sufrió escisiones entre sus seguidores debido a disputas en el nombramiento de un sucesor y a las diferentes formas de interpretar el Corán. Por un lado estaban los que sólo deseaban seguir estrictamente los escritos, hechos, palabras y enseñanzas del Profeta, los shiíes, y por el otro quienes se acogían a la ley oral del Islam, los suníes.

Desde la Revolución de 1979, Irán es una república islámica según lo establece la Constitución. Esto significa que el sistema político, las relaciones personales y familiares, el rol de la mujer en la sociedad, la educación, la cultura, el ordenamiento jurídico, o sea la vida de los más de 60 millones de iraníes está determinada por la Sharia o ley religiosa, que recoge los principios emanados del Corán. Lo más sorprendente es que estos principios fueron enunciados por Mahoma hace ya catorce siglos, cuesta asumir que un conjunto de dogmas y leyes predicadas en el siglo VII constituyan la base legal y moral de un país a comienzos del siglo XXI.

Cuando se dice que el Islam no ha evolucionado, evidentemente se está en lo cierto y sostener que es compatible con los valores democráticos, un deseo o una ilusión más que una verdad. Hablar de derechos humanos, de educación laica, de libertad de expresión y de conciencia, de igualdad ante la ley, de derechos del menor y la mujer, de igualdad de sexos, de separación entre estado y religión, hablar en suma de los principios y valores que rigen (o que deberían) en una sociedad libre, moderna y democrática, es enfrentarse a mucho de lo que representa el Islam.

Dicho esto, cabe preguntarse si realmente existe una voluntad de cambio en el mundo musulmán, hoy por hoy creo que no. La cuestión no sólo atañe a Irán, sino que afecta a todos los países islámicos por ser éste un problema cultural más que político. Mientras las nuevas generaciones de jóvenes musulmanes continúen siendo educadas en los principios del Islam y el poder político controlado por fanáticos religiosos, monarquías hipócritas y corruptas, o dictadores sanguinarios, millones de seres humanos seguirán siendo víctimas de catorce siglos de atraso, en nombre de la religión.

 



Persépolis, Puerta de los Leones

Persépolis, conjunto arqueológico

Persépolis, legado de la dinastía Aqueménida

Bam, entrada a la ciudadela

Bam, interior de la ciudadela

Yazd, cisterna y torres de ventilación